Mi historia

Los últimos 12 años de mi vida los he dedicado a trabajo con y para otros. La principal labor que he realizado durante este tiempo ha sido la de psicóloga clínica. He visto a cientos de personas, desde parejas cuestionándose el cómo decirle a sus hijos que son adoptados, niños abandonados, niños, jóvenes y adultos con distintos niveles de discapacidad cognitiva, mujeres con depresión post-parto, hombres que han sufrido abuso sexual, mujeres con problemas con sus madres, hombres violentos, niños maltratados, hombres con disfunciones eréctiles, niñas y mujeres con trastornos alimenticios, mujeres con trastornos bipolares, niños, jóvenes y adultos con trastornos obsesivos compulsivos, hasta mujeres que han vivido las peores historias de maltrato que se pudiesen imaginar.

Es duro este trabajo. Recuerdo que durante los primeros años luego de haberme titulado, muchas veces llegaba llorando a casa por alguna historia terrible que había escuchado. Principalmente, el trabajar con abuso sexual ha sido lejos lo más difícil que me ha tocado escuchar (en  especial, en niños y niñas). Pero con el paso de los años me fui sintiendo cada vez más cómoda y hábil en mi labor, más confiada y asertiva.

Amo mi trabajo. Creo que el trabajar ‘ayudando a otros’ es una enorme bendición. El amor que se encuentra dentro de mí fluye de manera absolutamente libre y abundante al trabajar para y con otros, y creo que las personas con las que trabajo notan esto, lo cual creo (y espero) les permite vivir su proceso con seguridad y confianza.

Les quiero contar una pequeña historia, la más importante para que comprendan la finalidad de este proyecto:

Hace casi un año atrás, apareció en mi muro de Facebook un clip de una película titulada “Plegarias para Bobby”. Se trataba de un jóven homosexual que no fue aceptado por su familia, que era Cristiana. Me llamó inmediatamente la atención el clip y fui en busca de la película completa en Youtube (jiji, tuve éxito, y tú también lo tendrás si la buscas!).

Por la siguiente hora y tanto me metí en la historia real de Bobby, un jóven homosexual que acabó suicidándose por la falta de aceptación de su orientación sexual de parte de su familia, la cual -inspirada en su fe Cristiana- intentó de todo para revertir la ‘enfermedad’ de Bobby. Lo impresionante de esta historia es que la madre de Bobby se convirtió en activista a favor de la aceptación de la homosexualidad en los hijos luego de su tan triste y terrible experiencia (les recomiendo totalmente la película! Sigourney Weaver Alert!!)

Luego de la película (y como suele suceder con mi inacabable deseo de saberlo todo), busqué más información en internet acerca de la madre y lo que estaba haciendo hoy. Fue en uno de estos tantos artículos que me topé con el comentario de un hombre llamado *Miguel (no es su nombre real), quien pedía con urgencia comunicarse con la madre de Bobby, ya que necesitaba su ayuda. Al final de su comentario estaba su dirección de correo electrónico.

Sin pensarlo dos veces, le escribí unas líneas a Miguel, diciéndole que me había encontrado con su comentario y si había algo que podía hacer por él. A la media hora me llegó una respuesta dándome las gracias, pero diciéndome que todo estaba bien.

A los pocos minutos Miguel me volvió a escribir. Su correo decía “En realidad, no estoy tan bien…”

Con esto, comenzó una relación a larga distancia entre Miguel y yo, en donde me pudo expresar lo muy confundido que aún estaba con su homosexualidad y la falta de aceptación de parte de su propia madre (quién también pertenecía a una iglesia estricta y cerrada con respecto a la homosexualidad). Me contó cómo había pensado muchas veces en quitarse la vida, y en cómo había hecho muchas cosas de las cuales se había arrepentido. Se sentía fracasado y estaba lleno de odio y desilusión consigo mismo. Estaba absolutamente solo y perdido.

Con el pasar del tiempo, y siempre contactándonos por correo electrónico, Miguel comenzó a cambiar. Le ayudé a aceptarse a sí mismo, y creer nuevamente en sus posibilidades, y él comenzó a encaminarse hacia sus sueños, volvió a la Universidad a terminar sus estudios, y se perdonó en gran medida por sus errores del pasado. Por sobre todo, Miguel se sintió aceptado por una persona que ni conocía, y comenzó a creer en la vida nuevamente.

El último correo que me llegó de Miguel fue hace un mes aproximadamente. Entre sus palabras, me escribe lo siguiente:

“Gracias a ti sé que cualquier cosa es posible. Mi relación con Dios ha mejorado mucho y estoy eternamente agradecido. Para mí es tan irónico que alguien a quién nunca he conocido en persona ha tenido un impacto tan profundo en mí; y todo comenzó cuando simplemente me contactaste para ver si estaba bien a través de ese mensaje que escribí. Voy a detenerme porque estoy llorando…”

No cuento esta historia para demostrar que soy una increíble psicóloga ni que tengo el poder de arreglar cualquier cosa. La comparto porque realmente algo tan simple como tomarse el tiempo para saber cómo está alguien puede generar un cambio profundo en esa persona. Miguel está vivo, viviendo una vida que pensaba perdida para siempre, gracias (entre otras cosas) a la relación que hemos construido a través de correo electrónico. Y eso sólo es gracias al amor, que siento posible sin siquiera conocerlo.

Con el paso del tiempo, sólo quisiera quitar las cadenas de lo que es posible en esta profesión, y creo posible que la ayuda se brinda en el día a día, con cada palabra, gesto y atención. Creo que todos merecemos ser escuchados, especialmente esas personas más desvalidas. Sé que no hay límites en lo que puedo llegar a hacer por otros, y he aquí otra forma de hacerlo, a través de este medio, a través de lo que pueda ir compartiendo a través de esta página y de la ayuda por medio de correo electrónico que quisiera ofrecer.

Puedo ayudar a otros más allá de las sesiones en vivo y en directo, e incluso creo que el correo electrónico ofrece la posibilidad del anonimato, que muchas veces es importante para la persona que busca ayuda. Puedo ser psicóloga en todas partes, no sólo en esa hora en esas cuatro paredes que suele ser la terapia.

Sinceramente, espero que esta página te pueda ayudar a encontrarte, a sanarte y, por sobretodo, a amarte más de lo que crees posible. Si deseas conocer más acerca de las opciones disponibles para ti, por favor dirígete aquí.

Natalie